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Ironman de Copenhague 2012

Ironman de Copenhague 2012

El Vino y Copenague: Durante estos días he comprobado que en Dinamarca no tienen vino propio. Beben vino sí, pero lo importan de otros países.

Chile, Australia, Alemania y España fundamentalmente riegan con sangre de Dionisio el país nórdico. Concretamente de España tuve el placer de probar y convivir con cuatro de Ellos. Cada uno en su individualidad y singularidad exquisito y diferente. Ni que decir tiene que todos con Denominación de Origen “Corebo”.

La mayoría de ellos resultaban ser vinos Calmos o Naturales y sin ser vicio ni virtud, había caldos blancos, rosados y tintos. Incluso alguno espumoso, de esos que al servir inundan la copa de millones de burbujas nerviosas, pero ninguno de ellos fortificado o mejorado artificialmente. Su crianza variaba entre los vinos viejos y los gran reserva, estos últimos con un periodo mínimo de envejecimiento de al menos dos IM. No había por tanto vinos jóvenes, timoratos o inseguros.
Baco hubiese tenido envidia de lo embriagador de sus aromas, de las mil sensaciones que al aproximarlos a la pituitaria en uno despertaban.

Los vinos blancos no denotaban matices marrones, inequívoco síntoma de oxidación, por el contrario matices verdosos, amarillos intensos, e incluso dorados profundos resaltaban ilusionados en el trasluz de sus copas.

Contrariamente en los caldos tintos si se apreciaban tonalidades marrones, en cuyo caso todos sabemos que son vinos envejecidos, expertos, que indican apogeo. Reflejos rojos: cereza, sangre, carmín, rubí, granate, asomaban al airearlos.
Rosa franco, bermellón, rosa cereza, rosa frambuesa, rosa carmín, eran los espléndidos tonos de los vinos claretes.

En su intensidad no cabía el pálido, el falto de capa, o el débil, muy al contrario; Intensos, profundos, nítidos, tomaron Copenhague en su primera tentativa. Cualquiera de ellos, cual Julio César, podría haber hecho suyo el lema “Veni, Vidi, Vici”.

El paso en boca de todos ellos sin discriminar a uno solo, resultaba agradable, persistente, placentero,… nunca tuve sensaciones desagradables con ninguno de ellos. En fin un “arrière-goût”, “élégant”.

Todas las buenas cualidades que presentaban estos brebajes, unidas a una serenidad y calma aparentes, presagiaban que la cata llegaría a buen puerto. Y como todos ya sabéis, amantes del buen vino o no, los cinco vinos de los que hablo en mi relato concluyeron su sueño.

Por tanto y aunque no me guste el vino, sin duda volvería con todos ellos a cualquier lugar del mundo a correr otro IM.

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