• Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Medio Ironman de Bilbao, por Enrique Trillo

Aviso: esto va a ser un poco largo. Y no quiero aburrir a nadie. El que avisa…
 
El sábado pasado hice mi segundo triatlón de media distancia. La verdad es que no las tenía todas conmigo, porque he estado a base de antibióticos desde Semana Santa gracias a mi amado hijo mayor, que siempre me da lo mejor de sí mismo… En este caso unas bonitas placas que se me complicaron hasta casi tener que ingresarme.
El caso es que al final, aunque palmando bastante días de entrenamiento y con malas sensaciones, me planté en Bilbao con toda la familia, que afortunadamente siempre me apoya en estas locuras.
Hizo un día estupendo, nublado y con buena temperatura, sin viento. Además, la salida era a las 12:50, así que no había que pegarse un madrugón. No desayuné demasiado, porque no tenía ganas de más. Estaba nervioso.
Me tiré al agua unos minutos antes de la salida para coger posición y aclimatarme. Pero lo que hice fue quedarme helado. Dicen que la ría de Bilbao estaba a 14 grados…
El primer tramo en dirección al Guggenheim se me dio bien. Nadé por el centro de la ría, alejado de golpes y en dirección a las boyas de giro, que veía sin problemas al levantar la cabeza. Al llegar a ellas me metí de lleno en la batalla… Hice los dos giros a derecha por la parte interior. Ahorró de metros y ganancia en codazos y patadas. Justo ahí recibo la primera en el ojo izquierdo… En el tramo de vuelta se decía que habría corriente debido a la marea, así que recomendaban nadar pegado al muro. El problema es que todos queríamos ir por ahí, así que llegar al ayuntamiento se hizo largo, movido y hasta peligroso. Algún que otro arañazo y el segundo golpe en el ojo izquierdo lo dejan claro, además de un par de tragos involuntarios a ese agua tan turbia y marrón que hace que la del Lago de la casa de campo parezca mineral embotellada.
Salgo del agua en 41 minutos. Algo peor de lo que esperaba, pero ni tan mal…
En la primera transición se me atasca en neopreno con el reloj y al sacar la pierna derecha casi se me sube el gemelo. Mal… Me siento en el suelo, me lo tomo con calma, me calzo las zapatillas, las gafas, el casco y salgo de boxes.
¡Vamos Kikeee!!! Ahí estaba mi Coby con ese grito de guerra que distingo entre la multitud casi mejor que el llanto de mis hijos en un parque lleno de niños. Por cierto, ahí también estaban ellos dándome ánimos, ajenos a lo mucho que me ayuda tenerlos al otro lado de las vallas. Ahh y también estaba la prima Henar ayudando en la tarea. Muchas gracias, guapa!
 
 
La imagen puede contener: una o varias personas y personas en el escenario
 
 
El circuito del sector ciclista era bastante duro. Nada más empezar, repecho que, por si no sales bastante mareado del agua, no ayuda para ir cogiendo sensaciones… Luego un tramo muy rodador y con ciertas bajadas en las que hasta pasaba un radar en ciudad por encima de la velocidad legal jejejeje
Y sobre el kilómetro 18 empezaba la subida al puerto del El Vivero, unos seis kilómetros con algún descanso al final, con una rampa muy dura al principio y una pendiente media de casi el 7%. La verdad es que me lo tomé con calma. Había que dar dos vueltas a este mismo circuito y luego correr una media maratón. Eso sí, en la bajada lo di todo. 
 
La imagen puede contener: una persona, montando en bicicleta, bicicleta y exterior
 
 
Ahora, a toro pasado, me pregunto si debería haber apretado un poco más, pero verdad es que la carrera se me hizo dura, así que igual lo hubiera pagado…
Termino el tramo en bici cansado, en algo más de tres horas, pero sin esa sensación de agotamiento que en los días previos pensaba que podría tener. Justo en la línea de desmontaje  más gritos y palabras de ánimo. ¡Gracias, Coby! ¡Gracias, hijos!
 
 
La imagen puede contener: una persona, sonriendo, de pie y exterior
 
Esta segunda transición se me da bastante mejor, aunque salgo a correr con las piernas tiesas como columnas. Los cuadriles iban tan cargados que se querían acalambrar por la parte interior, así que bajo el ritmo, me echo agua por las piernas y confío en que la cosa desaparezca. A partir del kilómetro dos ya parece que las piernas son mías otra vez y le doy un poco de caña, sin pasarme. Termino la primera de las tres vueltas con ánimo y confiado en que el gel con cafeína que me acabo de tomar me ayude incluso a ir más rápido. Según mis cálculos puedo acabar la media maratón en 1h42, pero enseguida me da un bajón y terminar la segunda vuelta me cuesta un mundo. De los 4’40” a los que iba bajo a 5’15” y 5’30”. Me olvido de ritmos, marcas y monsergas. El objetivo es el que tiene que ser: terminar y gracias. Pero el bajón es tal que la emoción se me va a la garganta, justo a esa zona que tanto me había hecho penar en las semanas previas. No es por darle épica al asunto ni nada por el estilo. Es la realidad y no me importa contarlo. En la cabeza se me mezclan pensamientos: los entrenamientos, lo difícil que a veces en combinarlos con la familia, el cansancio, agradecimiento a los que te apoyan y acompañan, ganas de celebrar la llegada con ellos… No sé ni describirlo ni lo recuerdo exactamente. Supongo que en ese momento iba como en una nube. Pero sabía que iba a terminar y, afortunadamente, mejor que algunos otros competidores que se paraban a estirar, caminaban agotados ya sin ganas o fuerzas o incluso alguno provocándose el vómito vete tú a saber por qué motivo…
 
Y al final, sabor amargo porque los jueces de la carrera me impidieron entrar con mis hijos y mi mujer. Incluso hubo una descalificación de por medio que al final no hicieron efectiva por empujar a uno de ellos de pura rabia. Quería compartirlo con ellos, abrazarlos, besarlos. Y me lo quitaron. Coño, ¿qué sentido tiene hacer esto sin esa recompensa?
 
 
La imagen puede contener: texto
 
Pero, al fin y al cabo, contento. Contento por haberlo logrado, por acabar bastante entero y por poder hacer lo que me gusta, me libera y me da vidilla. 
Sí, supone mucho esfuerzo, pero no es ninguna locura. Preparándose cualquiera podría.
Gracias a todos los que se han preocupado por mí en los días previos, los que que me han felicitado y a los que han llegado a leer hasta el final. Siento la lata… jajajaja
 
 
 
 
La imagen puede contener: 2 personas, multitud y exterior
 
 
Y no quiero terminar sin dar las gracias a mis compañeros en esta prueba y, aunque todos son geniales, quiero dedicarles unas palabras para cada uno:
  • Andrés: tan buena persona como debutante. Qué margen tienes!!
  • Ángel: cómo corres pájaro...
  • Dani: el diésel del grupo. Suma kilómetros 
  • David: el presi, el de consenso, el de los cuatro postres y el que empuja como un toro. Muy buena gente. De esos a los que da gusto conocer.
  • Domingo: el tiburón de Corebo y ejemplo de constancia. Te admiro.
  • Iñaki: tan joven y simpático como esforzado. Un máquina!
  • Juan: qué pena esa lesión. Pero todos sabemos que eres un todoterreno.
  • Julio: fino física y deportivamente
  • Lucas: tranquilo y callado como la bomba de relojería que es. Cuando dan la salida, ¡explota!
  • Nacho: buen deportista y mejor persona. Siempre ayudas. Se agradece.
  • Paco: fuerte como el vinagre, aunque esta vez un virus le dejó KO :(
  • Pepe: otro de gran corazón y mejor entrega. Lo bueno abunda en Corebo.
  • Rafa: temible cuando se acopla, metódico, concienzudo. Se las sabe todas y comparte y regala sabiduría y lo que haga falta. Un fenómeno.
  • Rubén: la cosa salió torcida esta vez, pero este asturiano de raza tiene mucho que ofrecer.