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¿Por qué lo haces? Crónica del Challenge Madrid

Esa repetitiva pregunta que te hacen continuamente y que al final acabas haciéndotela a ti mismo cuando empieza a aparecer el verdadero sufrimiento en cada competición en la que estas participando.

Todos y cada uno de los "atletas populares" tenemos nuestros motivos y causas para poder responder a esta pregunta y, en mi caso, todavía estoy buscando la respuesta idónea para hacerlo; a posteriori y mientras escribes estas líneas puede llegar a ser fácil llegar a una conclusión, pero en carrera...en carrera todo es muy diferente, aunque la respuesta se muestra frente a ti, en cada instante que ves a algún familiar, amigo o conocido que se ha acercado a saludarte, a animarte, correr a tu lado, en definitiva a apoyarte. Sin duda mi respuesta a la eterna pregunta sería un POR VOSOTROS, por daros las gracias por gastar tiempo de vuestras vidas en participar en la mía, en vuestras muestras continúas de cariño y por apoyarme sin pedir nada a cambio. A día de hoy, el mejor recuerdo deportivamente hablando que tengo es atravesar esa línea del Challenge Madrid, en mi casa, en mi puerta del Sol, recorriendo esos últimos metros acompañado de mi mujer y mi niña, girar la cabeza a ambos lados y ver a toda mi gente, amigos, compañeros y familia vitoreando mi nombre, y notar que cruzas esa línea de meta con todos ellos.

Ha pasado más de un mes ya desde aquel gran día. Un mes de asimilar la proeza, de asimilar la paliza y, sobre todo, un mes para recuperar las ganas de volver a ponerme manos a la obra, porque lo duro no es el día del Ironman, sino el camino que sigues para poder estar en aquella línea de salida del embalse de Riosequillo a las 8:50 de la mañana, hora de la salida del Challenge Madrid; momentos antes de la salida es cuando empiezas a pensar en todo lo que te ha llevado a estar allí. Había entrenado mucho, bastante más de lo que había entrenado para el anterior Ironman, incluso más de lo que me había dicho que entrenaría, pero allí estaba, listo para afrontar otra vez la gran distancia y, sobre todo, para llegar a Madrid a devolverles un trozo de la esperanza depositada en mí a todos aquellos que siempre están a mi lado y estaban esperándome en Madrid Rio. Estaba muy nervioso, tenía mucho frio, muchas dudas, pero corría en casa, me conocía de sobra los puertos, las curvas de los mismos y el camino desde Valdemorillo a Madrid, tantas veces entrenado con mis compañeros de Corebo, todo estaba controlado, o eso parecía.

Abro los ojos, devuelvo la mente al presente y escucho: quedan 10s, 5s…al agua!!!Nada más entrar no me lo creía, había pasado tanto frio esperando, que el agua me parecía caliente…enseguida pillo un ritmo muy bueno con un grupo de nadadores, empezamos a adelantar gente, y no nos adelanta nadie, así que decido nadar con ellos, que cómodo estaba nadando. Nos empiezan a adelantar los primeros del grupo de edad que había salido detrás, pero mi grupo no se ceba y seguimos nadando juntos y al mismo ritmo. Me dio tiempo hasta de disfrutar del amanecer de la sierra de Madrid nadando, que belleza tiene nuestra tierra. Sin más, salgo del pantano y miro mi reloj: 3850 metros en 1h 08 min, increíble cómo había nadado, casi 10 minutos menos que en el Ironman de As Pontes. Salgo eufórico a cambiarme a la T1, y sin poco después ya estaba pillando la bici, en total había gastado 1h 22 minutos en ponerme en marcha, que contento estaba, y sobre todo porque iba con un grupo muy bueno, y con bastante margen.

Mientras voy repasando la estrategia del sector de ciclismo viendo lo bien que me encontraba iba pedaleando con cadencia alta, para subir pulsaciones y aclimatar el cuerpo; todo iba genial, pero sin saber por qué exactamente, ni de qué manera…en el primer repecho que había en Buitrago lo peor que te puede pasar en el segmento ciclista me pasó: cadena partida, sin troncha cadenas y sin nadie que me lo dejase…aún recuerdo la bici tirada en el suelo, con la cadena rota…que impotencia, que ganas de llorar, y no dejaba de pensar que mi gente estaba en Madrid…tenía que hacer lo que fuera para arreglar eso. Y cosas del destino, apareció un ángel dentro del cuerpo de un ciclista, una persona ajena a la organización y a la carrera, que pasaba por allí entrenando, y que vivía en Buitrago, y se acercó a su casa a por el troncha cadenas…la carrera se podía salvar aún!!! Y tras casi 30 minutos entre la espera y el arreglo conseguí ponerme en marcha de nuevo. Sabía que había salvado un bache muy gordo, pero ahora la carrera era otra, la estrategia y todo lo que tenía pensado ya no valía, ya no podía pensar en terminar en 12 horas, sino simplemente en llegar a Madrid y ver cómo me iba encontrando; tenía que pasar los cortes de cierre de los puertos, que si ya eran ajustados, con 30 minutos perdidos, todavía más…así que de camino a Canencia empiezo a recalcular todo, tiempos de comida, hidratación, velocidad, la cabeza no paraba de trabajar…primer puerto 2 minutos por encima del corte…bajo Canencia a tumba abierta, y allí estaban parte de mis compañeros de Corebo para darme los ánimos suficientes como para subir el segundo puerto 16 minutos sobre el corte, y segunda bajada a muerte, llegué a Cotos con 35 minutos sobre el corte y cuando llego a Navacerrada y me encuentro con Nacho me doy cuenta de la burrada que acabo de hacer…la maratón se me iba a hacer larga. Así que bueno, como ya no se podía arreglar esto, decido hacer lo que mejor se me da, que es disfrutar de la bicicleta, acoplarme y dar pedales contra el viento, contra la fatiga y en pro de llegar a mi Casa de Campo, ya sólo podía pensar en entrar por Prado del Rey, y dejarme caer para abrazar a Silvia y Lucia, ver a mi familia y sufrir por llegar al kilómetro 0. Mientras pensaba esto, y como si de un profesional se tratara entré en mi Casa de Campo escoltado por un par de motos. Decido dejar de dar pedales, estaba dentro del corte, estaba en mi querida Casa de Campo.

De verdad que recuerdo cada metro recorrido hasta llegar a la T2, que satisfacción tan difícil de expresar la de avanzar con la sensación de que se ha detenido el tiempo, no escuchar nada más que el sonido de tu buje al dejar de pedalear, tumbado sobre el acople, y viendo el asfalto que me ha visto crecer desde los 8 años cuando iba con mi padre a que me enseñara a montar en bici, con aquella GAC roja que había pasado por todos tus primos mayores antes de llegar a ti.

Entre en la T2 casi con 40 minutos sobre el tiempo de corte, 8 horas y 25 minutos desde el pistoletazo de salida. Me siento en una silla para cambiarme y me doy cuenta del problema que se me avecina ahora, estaba totalmente vacío, las manos dormidas y una maratón por delante. Tanta obsesión por llegar, el problema de la cadena y su gestión me habían dejado fuera de combate.

Salgo de la T2 y no puedo correr, así que decido andar tranquilamente e hidratarme y comer bien para ir recuperando. Todo se detiene cuando veo a Silvia y me dice, venga cariño, lo más difícil ya ha pasado, olvídate de todo y disfruta, tienes a toda la gente más adelante. Que recibimiento más caluroso cuando vi a gran parte de mis amigos animando, a mi familia, a mis niños corriendo a mi lado: estaba totalmente destrozado, pero tenía que terminar por ellos, por devolverles ese cariño que me demuestran cada día. Y más adelante gran parte de la comitiva de Corebo, que grandes!!Sólo se les escuchaba a ellos cada vez que pasábamos a su lado. Poco a poco fui recuperando sensaciones, con los altibajos de una maratón de un Ironman, comí y bebí muchísimo, y hasta la cuarta vuelta no me encontré realmente bien. Qué raro es esto del deporte de resistencia… tras más de 12 horas de esfuerzo ahora me encontraba corriendo a mis ritmos… despidiéndome y dando las gracias a cada policía y voluntario, viendo el anochecer de mi ciudad y por fin enfilando la subida a la Puerta del Sol.

FotoCronicaChallenge CarreraLo había conseguido, otra vez Finisher de un Ironman, que alegría, que preciosidad de ciudad, de Madrid al cielo dicen. Diviso ya el arco de meta, y allí están mis niñas, mi soporte, suelto los brazos y noto como sus manos se funden con las mías para acompañarme hasta la meta. Mientras corremos, giro la cabeza a ambos lados y veo a mis amigos, compañeros de Corebo y familiares regalándome ese recuerdo. Por fin, la meta, Silvia, Lucia y yo nos fundimos en un abrazo y las lágrimas brotan nuevamente de mis ojos…GRACIAS, GRACIAS y mil millones de GRACIAS por permitirme seguir cumpliendo sueños.

Y ahora si a ti te preguntaran: ¿por qué lo haces? ¿Sabrías responder?

PD: Gracias a todos los que me han acompañado en el camino, a Nacho y Juan por acompañarnos mutuamente en esta locura desde el día de la inscripción hasta que nos hicieron la foto en el Km0, a Paco por el maletón de transporte de la bicicleta, a Jesús por salir solo a acompañarme en los entrenos y por sus mensajes de ánimo desde su luna de miel, a Julio por sus panchitos y coca cola, a Andrés por acompañarme en el sector de carrera con la bici, a Kike por sus continuos ánimos y esa banderita guapa, a Fernando y Dani por esos gritos en Miraflores, a Iñaki, Domingo, Lucas, Ángel, Javivi, Jesús Ruiz, Pepe, David, Yolanda, Yoli, Carvajal, Luismi, Miriam, Itziar, Mari, Patricia, Rosa, Cobi, Ali, Teresa y al resto de compañeros de la A.D Corebo que han compartido entrenamientos y competiciones conmigo. A Carlos y Rafa por todos los entrenamientos de calidad que han hecho mejore en los sectores de carrera y natación respectivamente. A mi compañero corredor David, por acompañarme en muchos entrenos de carrera, sobre todo las últimas y pesadas tiradas largas. A todos mis amigos, tanto a los que se acercaron como a los que no, que ilusión me hizo veros Rebe, Rous, Leti, Dani, Lauri, y que fuerza me distéis. A mis niños Álvaro y Adrián por acompañarme en la carrera. A mis padres, primo, tías, cuñados, compadres, suegri por todos los ánimos y gritos dados. A mi hermana por sus continuos ánimos desde la distancia. En general, a todos y cada uno de los que me habéis preguntado en este largo camino. Y en especial a mis dos pilares, Silvia y Lucia, ya que sin ellas nada sería posible. De verdad, muchas gracias